27 feb. 2013

VOLUNTAD

Es una decisión estrictamente personal y el motor que nos impulsa,
 aunque persistir y perseverar en la marcha son asuntos clave


Ilustración Alma Larroca


La voluntad es, nada más ni nada menos, la facultad de decidir. Es una decisión estrictamente personal. Nietzsche nos invita a pensar en la voluntad de poder. Podemos. Tenemos el poder siempre y cuando sintamos la auténtica voluntad de, al menos, intentarlo.

El éxito va más allá de la necesaria voluntad para lograrlo. Factores inesperados o involuntarios pueden parecer o amenazar cual fuerza de choque o resistencia.

Pero la voluntad es siempre el espíritu, el sentido, el motor que nos impulsa. Un motor del que sólo nosotros tenemos la llave.

El grado de voluntad que podamos experimentar da cuenta de la intención vital, del deseo puesto en acto. La motivación es la zanahoria de este burro de arranque y persistencia.

Persistir en la marcha es asunto clave en esto de poner el cuerpo en acción con objetivo claro y propósito gentil, siempre con la voluntad de redireccionar o cambiar el rumbo de los recorridos que ya no nos llevan a donde queremos ir.

Persistir y perseverar. Tener la libertad de elegir y sostener, a pesar de todo, con mirada e intención positiva (lo más positiva posible).

Cuánto más conscientes estemos de la meta, de las herramientas necesarias y de las posibilidades que tenemos para conseguirlo, mucho más productivo será llegar a destino sin perder la voluntad.

¿Cuántas veces habremos sacado energía de vaya uno a saber dónde con tal de cumplir con la tarea o conquistar el objetivo? ¿Lo hicimos? ¿Habrá sido suficiente? ¿No habrá sido demasiado?

No es que, en este sentido, tengamos que imponernos la voluntad de evaluar, juzgarnos y arrepentirnos. Tal vez, en este momento o mañana al despertar, podemos o podríamos poner una mayor y auténtica voluntad para registrar cuán dispuestos estamos a poner en juego y apostar. Y, por sobre todas las cosas, tener siempre presente el porqué de nuestras voluntades.

¿Es este acto de voluntad un deseo, un esfuerzo saludable o, acaso, una exigencia, un mandato, una obligación?

Que la voluntad sea nuestro despertador consciente. Que sea la alarma que, pese a que prefiramos quedarnos un rato más en la cama, nos impulse a levantarnos y a ponernos a disposición de nuestros planes más deseados.

Que la voluntad de los otros sea un accesorio, un encuentro, un brindis. Que las voluntades nos encuentren en el camino del bien común, de la lucha justa y solidaria.

Por Eduardo Chaktoura


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